miércoles, 5 de junio de 2019
Entrevista Feria del libro 2019
Os dejo el enlace con la entrevista que me hicieron en Fuenlabrada Noticias con motivo de la Feria del Libro de 2019.
miércoles, 22 de mayo de 2019
Un brindis por Carola
Después de unos
entremeses, dos platos y un gran postre; ya sólo existía ése instante bañado en
sidra en el que flotaba el pasado.
Los recuerdos de fiestas,
amores y juergas nocturnas emergían de las risas de aquellos que algún día
fueron adolescentes. El pasado era feliz, era aventura continua y
despreocupación. Se oyó ruido de cristales y todos miraron hacia su origen.
Ernesto estaba levantado y había una copa rota a sus pies. Carola, sentada a su
lado, bebía impasible. Después añadió sin mirarle.
—Te dije que algún día
sufrirías por lo que me hiciste.
El silencio no supo a
quién mirar. Ernesto se sentó de nuevo, con un charco de sidra empapando sus
zapatos y los de su verdugo.
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| Foto: Ana Matesanz |
martes, 19 de febrero de 2019
Letargo
Se arrebuñó
en el hueco de la roca, como todos los anocheceres, pero esa vez era diferente
porque lo hacía hinchada con el ratón que había comido esa tarde. Le costó
mucho tragar aquel roedor que luchaba por escapar de sus fauces. Había esperado
largo rato en la boca de la madriguera, enroscada en la rama de un arbusto, oliendo
el aire con su lengua bífida. El calor de mediodía por fin le templaba el
cuerpo frío, inerte en las primeras mañanas de otoño. Y ese alba fue
especialmente gélido para un reptil, quizá, si el día acababa con una larga
digestión pudiera comenzar su letargo
invernal.
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| Foto: Ana Matesanz |
martes, 5 de febrero de 2019
Testofobia
Rosario
estaba en la oficina de una empresa de limpieza, necesitaba ese trabajo para
pagar todas las deudas, las medicinas de la hija menor y los estudios de
Tamara, la mayor. Y claro está, poder comer.
Miraba el
papel en el que le preguntaban cosas absurdas como si era hombre o mujer, su
edad o sus anteriores trabajos. Si quería ese empleo debería contestar con una
sola palabra y poner cruces dentro de unos cuadros diminutos.
Empezó a
sudar y el corazón se aceleró. No había conseguido ni el graduado escolar por
su pánico a los test. Los psicotécnicos para sacar el carnet de conducir le
impidieron coger un coche. Pero ahora estaba en juego la supervivencia de su
familia.
La mano que
sujetaba el bolígrafo le comenzó a temblar. En otra mesa una mujer firmaba
sonriente su contrato y Rosario le quitó la tapa al bolígrafo. Le había llegado
dos días atrás una nota de embargo. Antes, Manolo rellenaba todos los
cuestionarios del banco. Pero ahora estaba muerto y la tocaba a Tamara hacerlo,
pero ella estaba en Londres. Marcó una cruz en la casilla de mujer.
El boli se
cayó al suelo, ella lo cogió y escribió a duras penas su nombre. Fue al papel
una gota de sudor. La mujer de la otra mesa tomó su nuevo uniforme y se despidió
hasta el día siguiente. Rosario garabateó su primer apellido.
El último
test que rellenó lo hizo a los catorce años y suspendió. Oyó en la otra mesa el
sueldo que cobraría y ella escribió su segundo apellido, letra a letra.
“¿Qué
empleos ha tenido anteriormente?” Los latidos del corazón eran tan fuertes que
subían el abrigo y la mano se movió convulsivamente por todo el papel,
pintándolo.
Se levantó y
salió de la oficina. Buscaría un empleo en el que no fuera necesario rellenar
ningún test.
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| Foto: Ana Matesanz |
lunes, 21 de enero de 2019
Vuelo a las estrellas
Un día soñé
que volaba, vestida de luz, hasta las estrellas. En mi maleta llevaba sueños
rotos que sembré en las luminarias del cielo, con la esperanza de que nacieran
sueños cumplidos.
Al despertar
encontré los sueños dispersos por la habitación, rotos y remendados burdamente
por el tiempo.
| Foto: Juan Carlos Martínez |
lunes, 10 de diciembre de 2018
Despierta
—¡Eh,
phss-phss! Despierta.
Que a gusto
estaba, por fin un momento de relax en el sofá tras una larga jornada de
trabajo. ¿Quién le hablaba ahora, si estaba sólo en casa?
—¡Eh,
phss-phss! No te duermas y sigue leyendo.
No eran
voces en sueños, lo oía de verdad. Abrió los ojos. Ante sí, aquel libro de
título impronunciable que había empezado hacía diez años.
—Déjame en
paz, que quiero dormir.
—Soy un
libro para leer, para que sueñes historias, no para que duermas las tuyas.
—Como libro
no sirves para nada, pero como somnífero eres el mejor que he probado. Así que
calla como hacen todos los libros.
Baltasar
colocó ante sí las páginas centrales, blancas y garabateadas de forma
minúscula. Las letras se empezaron a emborronar poco a poco, flotando como una
nube que se acercaba y alejaba hasta que se detuvo ante su vista; y cerró los
ojos.
—¡Eh,
psh-psh! Despierta.
| Foto: Ana Matesanz |
viernes, 9 de noviembre de 2018
A la luz de la noche
En las estrechas
calles,
la vida despierta
bajo la Luna y la bombilla.
Se llena de amores
ocultos
y juegos
infantiles.
En la tibia velada,
las ventanas abren
vidas
que muestran en
escaparates de verano
los secretos de
invierno.
Días de calima y
sopor,
noches de vida y
pasión.
Las bombillas
prolongan el Sol
y la ciudad
recupera,
en clara noche
primaveral,
las oscuras tardes
de invierno.
| Foto: Ana Matesanz |
sábado, 29 de septiembre de 2018
Cuentos del reloj
En esta ocasión voy a hacer una versión del un poema que ya publiqué en este blog en marzo del 2016.
Cenicienta bailó con sus zapatos de cristal
los ratones se comieron el queso
Ricitos de Oro la sopa.
Bambi pastó la hierba
Peter Pan voló.
Y yo,
crecí.
Maduré más
Peter Pan caminó
Bambi dirigió el rebaño
Ricitos de Oro cocinó sopa
Los ratones cayeron en la trampa
Cenicienta caminó con sus zapatos de cuero
viernes, 28 de septiembre de 2018
Sobre mí
| Foto: J. Carlos Martínez |
Me
encanta contar historias y que me las cuenten. Crear mundos posiblemente reales
o no tanto.
Unir,
hilar detalles aparentemente distantes y ver que no se dan la espalda. Que
ciencia y poesía van de la mano si yo quiero.
Indago
en leyendas ya olvidadas y las traigo al presente, disfrutando con su magia en
este mundo tecnológico. Para llegar a la esencia de lo natural en el vuelo de
un ave o una mota de polvo.
Me
gusta descubrir lo oculto, que a veces es tan evidente que lo pasamos por alto.
Que la visión de un mínimo rayo de luz te puede tocar la vena sensible más que un
paisaje grandioso.
Me
atrae lo rudimentario, lo imperfecto. Pero no aquello a lo que le falta el buen
gusto. Aunque en alguna ocasión, ¿por qué no?, también me deleito con lo refinado.
Rehuyo
los extremos y auno tradición e innovación, sabiendo que no hay incoherencia en
eso.
Procuro
escapar al campo, recrearme en la naturaleza, que es el origen, lo que nos
sustenta y a la que estamos dañando peligrosamente. Ella, la natura, inspira muchos
de mis relatos, cuentos y canciones.
domingo, 19 de agosto de 2018
El más pequeño
Quiso el Sol de Agosto nacer un nuevo día sobre el
campo de flores grandes como arbustos. En la gran llanura cubierta de girasoles
secos, al lado de la cuneta, crecía uno de ellos. Todavía era amarillo y las
abejas visitaban a diario sus innumerables flores diminutas. Crecía en un
rincón de tierra baldía y ello le había impedido crecer rápido como sus
compañeros; siempre había sido el pequeño, el olvidado de los insectos y al que
le quitaban el alimento de la tierra.
Pero ahora, los demás habían sucumbido ante el peso
de su enorme cabeza llena de pipas, y él era el único que daba un poco de luz
al campo seco.
Esa mañana asomó por el camino una cosechadora
enorme, ruidosa, y sin más pasó a su lado. Empezó a rodar sobre el terreno,
recolectando las pipas que habían dado su razón de ser a los girasoles.
A mediodía, a un lado de la cuneta, un único
girasol crecía orgulloso, mostrando al astro rey su cara amarilla. “Ahora soy
el más grande y hermoso”.
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