lunes, 29 de enero de 2018

Tic-tac

—¡Tic-tac, tic-tac! —murmuraba Eladio sentado en una silla frente al fregadero.
—Pero abuelo, deja ya de mirar el grifo—le reprochó Roberto cogiendo una manzana del frutero.
—Sshh. Calla que no lo oigo. Tic-tac, tic-tac.
—¿Qué no oyes el qué? —preguntó el joven.
—¡Qué va a ser… el tiempo! Escucha. Tic-tac, tic-tac.
—Pero si no tenemos reloj en la cocina, abuelo.
—Yo no he dicho reloj, he dicho el tiempo.
—¡Anda ya, si el tiempo pasa, no suena —dijo el nieto. Y mordió la manzana tan fuerte que resonó en toda la cocina.
—¡Que sí Roberto! Deja ya de hacer ruido y acércate.
El anciano se levantó de la silla y acercó el oído al grifo que goteaba, indicando al chico que hiciera lo mismo. Los dos, joven y viejo, juntaron sus cabezas. Escucharon.
—Yo sólo oigo las gotas de agua cuando caen, abuelo.
—¡Pues eso! Ese es el sonido del tiempo que se va por el desagüe. Tic-tac, tic-tac.

Foto: Juan Carlos Martínez 

lunes, 4 de diciembre de 2017

Lluvia de otoño


Leve lluvia sobre el ocre de las hojas,
sobre tu cabello,
tu piel,
tus pasos.
Que lentos recorren el bosque,
buscando ¿el qué?
No sé.

El silencio se escucha sobre la hojarasca
y buscas pistas
que marquen tu rumbo.

La lluvia sobre el ocre de tu vida.
Mojando, disolviendo.
Y tú buscas la hoja
única, brillante.
Brújula en mar de otoño.
Inconfundible, intangible
Que te guíe en el silencio
del bosque ruidoso
de la vida.

Foto: Ana Matesanz

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Entrevista en Onda Leganés

     
En la emisora
Foto: Eva Cano

     El pasado 19 de Noviembre me entrevistaron en Onda Leganés. Una emisora nueva que apoya a la gente de su municipio, y en el apartado cultural también a los artistas de los alrededores. Porque la cultura no tiene fronteras.
     Fue una experiencia muy gratificante, y desde aquí quiero agradecer a Eva Cano y todo el equipo de esta emisora su interés en mi novela.
     Os dejo el enlace del programa para que lo disfrutéis.








Ana Matesanz junto con Eva Cano antes de la entrevista.
Foto: Juan Carlos Martínez


miércoles, 15 de noviembre de 2017

Cómplices

Habían pasado años, muchos años, desde aquella noche en que toda la familia fuimos al bosque y enterramos a la abuela bajo el gran castaño. Papá se tuvo que inventar una historia para justificar la desaparición del cuerpo y evitar que metieran a su madre en el cementerio.
No había ninguna marca de su tumba. Nada indicaba que bajo la alfombra de hojas, una mujer, que había amado esa tierra, más que nada en su vida, se fusionaba con ella, para convertirse en ella misma. Con los hongos, insectos y microbios como cómplices, ya estaba en todas partes y en ninguna. Aunque quizá el minúsculo castaño que había brotado en primavera, justo donde ella estaba, quizá…, quien sabe si…

Foto: Ana Matesanz


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Nadar o no nadar

Dicen que me ahogo en un vaso de agua ¡Anda y en una bañera! ¿Y cómo no me voy a ahogar?
Vamos a ver: yo no sé nadar, yo no busco lo que me encuentro, y si puedo lo esquivo. A mí me viene todo grande. Dicen que soy fuerte, muy fuerte; y también trabajadora y previsora, igual que mis compañeras.
Dicen los de fuera de la colonia, que siendo fuerte como soy no me puedo ahogar, que intente nadar para llegar a la orilla. Que luche contra los elementos para salvarme.
Pero yo no soy soldado. Y las hormigas obreras no sabemos utilizar las seis patas para nadar.

Foto: Ana Matesanz

viernes, 20 de octubre de 2017

Presentación de Ispalam en Humanes de Madrid

     El próximo 24 de octubre de 2017 presentaré mi novela "Ispalam" en la Biblioteca Municipal de Humanes de Madrid a las 19:00 h.
     Os invito a venir y estaré encantada de charlar un rato con todos los que los que se acerquen por allí.


martes, 17 de octubre de 2017

Alas nuevas

—Te libero de tus cadenas, sal de esta cárcel.
Dijo la niña abriendo la jaula. Dentro un lagarto verde, hermoso, dormitaba sin prestar atención a la puerta que se abría. Llevaba tanto tiempo ahí que había hecho de ese recinto su hogar.
—Vamos sal ya, que eres libre —La chiquilla daba golpecitos en los barrotes para animarle a salir.
El reptil se movió perezosamente y después de un largo rato pareció darse cuenta del hueco recién hecho. Entonces salió rápido, se colocó sobre la jaula y ante el asombro de la niña dio un salto tan alto, que ella tuvo que apartarse. Al mirarlo bajo el Sol, el lagarto extendió unas alas que antes no tenía. Y voló, voló alejándose de la seguridad de la prisión con sus nuevas alas de libertad.
La niña le vio partir mientras descubría de lejos lo que no había visto de cerca, en el tiempo que le tuvo junto a sí.

Foto: Ana Matesanz

jueves, 28 de septiembre de 2017

Cuentacuentos

     El próximo 1 de octubre estaré contando cuentos en el Centro de Educación Ambiental del Parque de Polvoranca, en Leganés (Madrid), a las 12:00 h.
    Desde hace años, el primer fin de semana de octubre, se celebra en este parque el Día Mundial de las aves.
   Aquí, SEO-Vanellus en colaboración con el Cea Polvoranca, realizan actividades para enseñar y concienciar sobre la conservación de las aves silvestres, a través de charlas, talleres, suelta de aves, anillamientos, cuentacuentos. 
     Y este año yo soy la encargada de contar cuentos de aves a los niños de 0 a 100 años que quieran escuchar historias de nuestros amigos alados. Volaremos por montañas y por que no por algún barrio de ciudad.


     Escuchar cuentos para soñar, imaginar, vivir, aprender y sobre todo... disfrutar. Porque cuando nos cuentan un cuento nos trasladamos en el tiempo y el espacio hacia lugares y épocas en los que todo es posible, tan posible que incluso algunas veces se mezcla con la realidad. 
    Con los cuentos, los mitos y las leyendas llegamos al subconsciente de las personas para transmitirlos esos mensajes, que quizá no aceptaran o entendieran si se los dijéramos directamente. Porque no son clases magistrales, sino vivencias de unos seres imaginarios o reales, en los que el niño, o por qué no, el adulto se ve reflejado de una u otra manera. 
     Con los cuentos, los niños aprenden a vencer sus miedos, sus inseguridades, a resolver situaciones cotidianas o cosas tan básicas para los adultos como los colores. Con los personajes de las historias los niños sufren, disfrutan, viajan y son capaces de vencer al dragón o el lobo. Por que estos animales no son un reptil ni un mamífero, sino la representación de sus miedos, a los que tienen que aprender a vencer para crecer sanos. Si a un niño le dices: "no tengas miedo", no funciona; le tienes que mostrar como  Pulgarcito, que tenía miedo, fue capaz de enfrentarse al ogro.
        Erase una vez...

Foto: Ana Matesanz

lunes, 18 de septiembre de 2017

Música


Siete notas,
siete hermanas,
Bailan en cinco horizontes
moviendo todo a su compás.

Brotan emociones sin fronteras
lenguaje universal
Que en las esferas, Pitágoras descubrió.
Vibraciones que atraviesan la piel,
no importa el idioma ni el lugar.
Historias que conmueven
o hacen bailar,
o luchar,
o amar.

Siete puntos y cinco líneas
si lo quieres escribir.
Y si no,
toca, canta.
O simplemente
deja que la melodía te haga sentir.
Vibrar.

Foto: Ana Matesanz

viernes, 28 de julio de 2017

Sssh... silencio

Nos han robado el silencio, que se está volviendo más valioso que el oro. La obsesión de la sociedad actual por hacer de cualquier momento una fiesta, nos hace olvidar que no todo en la vida necesita banda sonora. Precisamente el silencio es el que da sentido a la música. Si sobre ruidos ponemos música, esta se convierte en un ruido más.
Se habla mucho de los ruidos de los coches, de la maquinaria, pero no se dice nada de nuestro derecho a no escuchar la música del vecino, o a dejarnos esperar en silencio en una consulta telefónica. Se llega al absurdo de poner música de fondo en las entrevistas televisivas, hasta el punto de tener que discriminar auditivamente la voz del entrevistado de la del cantante. Suben y bajan la música y el resultado es mareante. Porque además la música es cantada, si no entiendes el idioma, todavía, pero si lo entiendes ya no sabes si hacer caso a lo que dice la canción o la entrevista, que en muchos casos no tiene nada que ver.
Y que decimos de la música de moda marchosa, mezclada con las voces de los locutores sobre el ruido de las máquinas y los golpes en una fábrica en la que se trabaja en cadena. Dicen que es para que el ambiente no decaiga y el ritmo de fabricación sea rápido. Eso sí, con las interferencias de la emisora para que el efecto sea más caótico todavía.
Lo último que he visto ha sido en una piscina. En la zona cerrada en la que se daban cursillos de natación a los niños, a alguien se le había ocurrido la feliz idea de poner música a todo volumen. Supongo que para dar ambiente de alegría y de que todos nos lo pasamos bien aprendiendo. El resultado era un ruido ensordecedor. Música machacona sobre el ruido de los chapoteos. Los monitores tenían que gritar las instrucciones a los niños que posiblemente no las oyeran. Si algún niño tiene miedo al agua lo que necesita es tranquilidad, no una fiesta obligatoria en medio del ruido y los profesores que les gritan para hacerse oír.
Quizá sea el temor a encontrarnos a solas con nuestros propios pensamientos o al vacío de nuestra vida. O simplemente la falta de costumbre de escuchar el silencio.
Curiosamente algunas de las personas que conozco que valoran el silencio son músicos. Precisamente ellos saben que la música tiene su sitio y su tiempo. Que incluso tu música preferida puede resultar desagradable si no es el momento de ser escuchada.
Me gusta la música, sí. Y por eso doy valor al silencio. El silencio que hace que los latidos de la vida y las melodías del alma suenen con todo su valor, en los acordes que acompañan nuestra existencia.